Filosofía de la nosología: ¿son científicos los modelos de la psiquiatría?

La nosología psiquiátrica constituye uno de los campos de reflexión filosófica más fascinante y fructífero de los últimos años (Fulford, B., Thornton, T., & Graham, G., 2013). No en vano, profesionales de diferentes áreas de conocimiento (v. gr., psiquiatría, antropología, filosofía, psicología, neurociencia, biología…) han abordado en diálogo multidisciplinar algunas de las cuestiones más complejas desde un punto de vista onto-epistemológico que emergen de tan singular objeto de estudio.


En breve enumeración, podríamos destacar de la mano de Peter Zachar y Kenneth Kendler preguntas que velis nolis se encuadran en el marco de la filosofía de la psiquiatría:


“whether classifications should refer to natural kinds, social constructs, or practical kinds; whether the discovery of real characteristics offers a solution for making nosological progress; whether the attributions of disorder status can be fully naturalized or must also utilize normative assumptions; and the inherent, yet tenuous, role that hidden or latent variables have played in medical classification” (2017, p. 52).

En esta entrada, centraremos nuestro breve acercamiento a la filosofía de la nosología en 3 modelos que conceptualizan de forma distinta la realidad del objeto de estudio y clasificación de la nosología psiquiátrica (el trastorno mental).

Harmful dysfunction (J. Wakefield).

Jerome Wakefield ha desarrollado un modelo de trastorno mental que combina rigurosidad teórico-experimental y reflexión conceptual. Según Wakefield, el trastorno mental es un concepto híbrido cuya construcción requiere de (A) un componente factual que hace referencia a una función natural de un órgano o de un mecanismo, y de (B) un componente valorativo (perjudicial-dañino) que especifica el posible daño resultante.

Respecto al primer factor, existe una disfunción cuando un mecanismo interno es incapaz de realizar alguna de sus funciones naturales, entendiendo ésta como un efecto del órgano o del mecanismo que interviene en la explicación de la existencia, la estructura o la actividad del órgano o del mecanismo. Según Wakefield, si bien la disfunción es un concepto científico puramente factual,  “discovering what in fact is natural or dysfunctional (and thus what is disordered) may be extraordinarily difficult and may be subject to scientific controversy, especially with respect to mental mechanisms, about which we are still in a state of great ignorance” (1992, p. 383).

El segundo factor posibilita incorporar la variante contextual al constructo. Defiende el autor (1992) que una disfunción no es suficiente per se para ser identificada y/o clasificada como trastorno. Para clasificarla como tal debe causar un daño significativo a la persona en las circunstancias ambientales actuales y de acuerdo con los estándares culturales actuales (criterio valorativo). Por lo tanto, el modelo de Wakfield exige dos condiciones de estricto cumplimiento para identificar una realidad X como trastorno mental. El problema conceptual que se advierte al explorar el objeto conceptual del profesor de la Universidad de Nueva York es que el propio factor factual (disfunción) presenta –tal y como está modelizado- una naturaleza híbrida:


“Yet not only is disorder a hybrid concept comprising a factual component and a value component, dysfunction is so as well. To say that a mechanism is dysfunctional is not only to specify its state. It also implies that things are not as they ought to be, and ought-statements are inescapably normative” (McNally, 2001, p. 313).

Practical Kinds (Peter Zachar).

El modelo de tipos prácticos (Zachar, 2014) puede ser interpretado como un modelo pragmático que se erige sobre una idea de claro sesgo instrumentalista (técnico-aplicado): las clasificaciones psiquiátricas están condicionadas por el abordaje de múltiples (y en ocasiones incompatibles) objetivos; ergo, la selección de una determinada clasificación no depende tanto de su posible validez (su relación conceptual y epistémica con el mundo) sino de la necesidad de compensar las significativas diferencias que existen entre estos objetivos. Por lo tanto, al descubrimiento de los hechos de la realidad hay que añadir de forma obligada las metas, propósitos y prioridades que determinan como sesgo definitorio cómo clasificarlos:

“These goals include (…) measurement priorities (selecting indicators that are both sensitive and specific), professional priorities (distinguishing good from bad therapy responders), economic priorities (not treating conditions that will remit on their own), and sociopolitical priorities (reducing stigmatization)” (Zachar, 2014, p. 154-155).

El instrumentalismo plus pragmatismo que porta el modelo de las clases prácticas provoca un distanciamiento no filosóficamente legitimado de la realidad, debido a que un constructo cuyo objetivo epistémico primario (nosología psiquiátrica) consiste en alcanzar un ajuste válido a la realidad se condiciona a objetivos secundarios cuya guía de actuación –en muchas ocasiones- de exigencias científicas. 

Homeostatic Property Clusters (Richard Boyd).

La modelización de clase natural que ha alcanzado -en el discurso nosológico reciente- una aceptación más vigorosa en aquellos autores adscritos a los presupuestos del realismo científico es la noción de clústeres de propiedades homeostáticas (HPCs) del filósofo de la ciencia Richard Boyd (1989, 1991). Boyd parte de los presupuestos básicos del realismo científico para cimentar su defensa en el razonamiento abductivo qua inferencia a la mejor explicación: “en un sentido muy amplio, la abducción es el proceso de razonamiento mediante el cual se construyen explicaciones para observaciones sorprendentes, esto es, para hechos novedosos o anómalos” (Vega y Olmos, 2011, p.17). En una aproximación epidérmica a los principios del realismo científico[1] señalaríamos como pilares básicos de su núcleo fundacional los siguientes asertos: (i) La realidad es ontológicamente independiente de la actividad cognitiva del sujeto cognoscente; (ii) La verdad es una relación semántica entre el lenguaje y la realidad; (iii) Los conceptos de verdad y falsedad son en principio aplicables a todos los productos conceptuales de la actividad científica: leyes, modelos, teorías…; (iv) La verdad es un objetivo esencial de la actividad científica; y (v) La verdad no es fácilmente accesible o reconocible.

En la modelización de Boyd, una clase es definida “by a set of properties that vary somewhat among its members, although causal mechanisms make it the case that the properties are more or less jointly instantiated” (Murphy, 2013, p. 973).

A partir de la aceptación de la inferencia a la mejor explicación, Boyd colige que del éxito de un razonamiento inductivo se sigue la defensa teórica (ex hipótesis) de la existencia de mecanismos causales subyacentes que provocan-generan la agrupación de propiedades. Al explorar las inducciones exitosas estamos acercándonos de forma indirecta a los mecanismos casuales responsables de las características de los tipos naturales: “The mechanisms, we might say, leave an identifiable causal signature in the world” (Murphy, 2013, p. 973). El conceptualismo que se advierte en la propuesta de Boyd posibilita que las clases qua objetos conceptuales construidos por el conocimiento científico sean perfectibles; es decir, pueden ser modificadas (a) o bien ante la presencia de nuevas evidencias vía observación, (b) o bien cuando las inferencias fracasa (Boyd 2000). Por lo tanto, las clases naturales en el dictum de Boyd “son conjuntos de entidades que comparten un grupo de propiedades proyectables, que se basan en la homeostasis de mecanismos causales; entendidos como cualquier cosa que causa un agrupamiento repetido de propiedades (Garcia, et al., 2016, p. 39).

La aplicación del modelo de Boyd al análisis de la nosología psiquiátrica ha sido estudiada de forma detallada por diversos autores (Zachar, 2014; Murphy, 2013; Parnas, 2010, etc.). En este punto del discurso, resulta necesario reconocer que la realidad del objeto psiquiátrico es multifactorial; tan significativo hecho, exige la exploración e identificación de distintos mecanismos (multi e inter)causales vía investigación científica (ciencia básica) para configurar una clasificación realista que permita representar el objeto de estudio evitando tanto la hipertrofia/inflación patológica (incluir en la clase natural estados o procesos que no corresponden a la realidad conceptualizada al obviar los mecanismos causales) como la falacia del conjunto vacío o de las clases únicamente artificiales (identificar como único mecanismo causal de la patología psiquiátrica el constructivismo social).

Tras la evaluación de los 3 modelos aquí descritos, juzgamos que la defensa de un acercamiento realista (científicamente mediado) a la nosología psiquiátrica exige la aceptación de la clase natural (en su sentido débil) como clave conceptual-epistemológica que debe fundamentarse ontológicamente a través de la identificación de los mecanismos causales que intervienen -vía procesos legaliformes- en todos los niveles de la realidad que están implicados en la emergencia del hecho psiquiátrico:

“we must climb up and down the whole levels staircase, from molecule to cell to organ to central nervous system. No knowledge of mechanism, neither understanding nor control” (Bunge, 2004, p. 206). 

Nuestra defensa de la clase natural como garante de la cientificidad de la psiquiatría se fundamenta a fortiori en el realismo científico. La tríada mecanismo causal-propiedad-legalidad exige la exploración de los mecanismos neuropsicológicos plus biosociales que están implicados en la emergencia de propiedades mentales legalmente relacionadas; y cuya agrupación conceptual nos permitiría modelizar los trastornos mentales qua clases naturales en el sentido de clústeres de propiedades homeostáticas.


Boyd, R. (1989). What realism implies and what it does not. Dialectica 43:5–29

Boyd, R. (1991). Realism, anti-foundationalism and the enthusiasm for natural kinds. Philos. Stud. 61:127–48.

Bunge, M. (2004). How does it work? The search for explanatory mechanisms. Philosophy of the social sciences34(2), 182-210.

Fulford, K. W. M., Davies, M., Gipps, R., Graham, G., Sadler, J., Stanghellini, G. and Thornton, T. (eds.) (2013). Oxford Handbook of Philosophy and Psychiatry. Oxford: Oxford University Press.

García, J., Hernández, P., Martínez, M., y Soto, R. (2016). Clases naturales en la neurociencia cognitiva: la controversia continúa. Metatheoria. 8(2), 37-50.

McNally, R. J. (2001). On Wakefield’s harmful dysfunction analysis of mental disorder. Behaviour research and therapy39(3), 309-314.

Murphy, D. (2013). The Medical Model and the Philosophy of Science. En Fulford, K. W. M., Davies, M., Gipps, R., Graham, G., Sadler, J., Stanghellini, G. and Thornton, T. (Ed.) Oxford Handbook of Philosophy and Psychiatry (pp. 966-986).Oxford: Oxford University Press.

Vega, L., y Olmos, P. (Ed.). (2011). Compendio de lógica, argumentación y retórica. Madrid: Trotta.

Wakefield, J.C. (1992). The concept of mental disorder: on the boundary between biological facts and social values. Am. Psychol. 47:373–88

Zachar, P. & Kendler, K. (2017). The Philosophy of Nosology. The Annual Review of Clinical Psychology, 13:49–71.

Zachar, P. (2014). A Metaphysics of Psychopathology. Cambridge: MIT Press.


[1] M. Devitt, R. Giere, M. Bunge, W. Sellars, R. Boyd, K. Popper, I. Niiniluoto, R. Tuomela, etc.